jueves, 25 de julio de 2013

Job 29

Jueves 25 de julio del 2013

Job 29

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Job Recuerda Su Felicidad Anterior

Job hace memoria de los tiempos en los que gozaba de las bendiciones de Dios, los días en que Dios alumbraba su camino y él camina seguro; recuerda con nostalgia su juventud, tiempos aquellos en que la mano de Dios era clara sobre su casa.

Cuando aún estaba conmigo el Omnipotente,
Y mis hijos alrededor de mí; (v. 5).

Job siente que Dios no está con él, que por alguna razón que él ignora el Todopoderoso lo ha abandonado, que sus miserias y sufrimientos se deben a que el Omnipotente ya no está con él.

No nos es desconocido este sentimiento de abandono; cuando nuestro Señor Jesucristo estuvo en la cruz, una de sus exclamaciones fue: "Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" (Mateo 27:46). Jesús, el Hijo de Dios, aquel que había orado como nadie lo había hecho, aquel que había caminado sin pecado, sentía que el Padre le había abandonado en el momento más oscuro de su agonía.

Job, siente que esta solo en esta etapa difícil de su existencia, siente que el Omnipotente no está a su lado; hoy bien sabemos que Job no estaba solo, pero también es claro que Dios había permitido que toda esa desgracia le sucediera, y que como un espectador en palco oficial observaba a Job, mientras se lamentaba, mientras este se quejaba, mientras este sufría. A eso llamamos el silencio de Dios, podemos sentir que es cruel no asistir a aquel que está sufriendo, pero las cosas en el plan de salvación no son como nosotros lo vemos, en el plan de salvación no hay lógica humana que valga.

Al igual que Job, muchos hombres pasaron tiempos de angustia en los cuales sintieron que Dios les había abandonado, pues el silencio de Dios se hizo presente; encontramos a Jacob, un hombre que sufrió muchos largos años pensando que su hijo había muerto producto del ataque de fieras salvajes, durante todos esos años de sufrimiento Dios nunca le dijo nada, Dios que tantas veces habló con Jacob, que le guardaba, que le bendijo abundantemente, en esta ocasión difícil de su vida, calló. Imaginemos a José, un joven cristiano fiel, caminando rumbo a tierras desconocidas, siendo arrancado de su familia, sintiendo que Dios le había abandonado; imaginemos a otro joven fiel al Señor, Daniel deportado a Babilonia, sintiendo que Dios le había abandonado; imaginemos a Moisés quien habiendo intentado hacer un bien por su pueblo, debía huir por su vida, y sentir que el Dios de quien le habían hablado no estaba con él; podemos encontrar a tantos otros personajes de la Biblia que en un momento de su vida sintieron que Dios les había abandonado.

Pero como mencionamos líneas arriba, en el plan de salvación no hay lógica humana que valga, lo que ahora vemos o sentimos como el abandono de Dios, es solo el paso a algo mucho mejor; lo mejor está por llegar, lo mejor llegará a aquellos que aprendieron a ser fieles a Dios en los buenos y en los malos momentos; llegará a aquellos que aprendieron a conocer a Dios, que aunque sienten que Dios está lejos de ellos, saben que al final Dios los reivindicará, y una muestra de ellos son las declaraciones del propio Job a lo largo de los capítulos que ya hemos estudiado.

"Mas él conoce mi camino;
Me probará, y saldré como oro." (Job 23:10)

El dolor adormece, pero no hace que olvides en quien crees; el dolor hace que sientas que estás solo, que nadie está a tu lado; pero el aceite acumulado a diario como consecuencia de tu relación matutina y vespertina con Dios, hará que al final exclames como Job.

Job recuerda a sus hijos, Job recuerda el respeto del cual gozaba en la sociedad, Job recuerda todo lo bien que hacía al pueblo en la cual vivía, ahora todo eso es solo recuerdo. Los grandes y pequeños tenían en alta estima a Job, de cuanto valor daban a sus palabras, sus consejos eran estimados como el oro. Pero todo eso es pasado.

"Decía yo: En mi nido moriré,
Y como arena multiplicaré mis días." (v. 18)

Cuánta gente no piensa lo mismo, creen que lo tienen todo, que han de vivir muchísimos años, que la salud les sonríe, olvidan que sus vidas son como la niebla que hoy está pero que mañana quizá ya no.

No sé si ya pasaste tu tiempo de angustia, pero si eres un firme candidato a los cielos, tendrás que pasar tu propio tiempo de angustia; Job lo atravesó, y en la tierra fue bendecido y seguro estoy que estará con los que recibirán la corona de vida; Job sintió muchas veces que el silencio de Dios era su abandono, pero Dios tenía preparado para el patriarca algo mejor; el silencio de Dios también se hará presente en tu vida y en la mía, nos toca atravesarla con fe, con la fe que solo desarrollaremos producto de nuestro encuentro diario con nuestro Señor.


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Job 29
Reina-Valera 1960 (RVR1960)

Job recuerda su felicidad anterior

1 Volvió Job a reanudar su discurso, y dijo:

2 !!Quién me volviese como en los meses pasados,
Como en los días en que Dios me guardaba,
3 Cuando hacía resplandecer sobre mi cabeza su lámpara,
A cuya luz yo caminaba en la oscuridad;
4 Como fui en los días de mi juventud,
Cuando el favor de Dios velaba sobre mi tienda;
5 Cuando aún estaba conmigo el Omnipotente,
Y mis hijos alrededor de mí;
6 Cuando lavaba yo mis pasos con leche,
Y la piedra me derramaba ríos de aceite!
7 Cuando yo salía a la puerta a juicio,
Y en la plaza hacía preparar mi asiento,
8 Los jóvenes me veían, y se escondían;
Y los ancianos se levantaban, y estaban de pie.
9 Los príncipes detenían sus palabras;
Ponían la mano sobre su boca.
10 La voz de los principales se apagaba,
Y su lengua se pegaba a su paladar.
11 Los oídos que me oían me llamaban bienaventurado,
Y los ojos que me veían me daban testimonio,
12 Porque yo libraba al pobre que clamaba,
Y al huérfano que carecía de ayudador.
13 La bendición del que se iba a perder venía sobre mí,
Y al corazón de la viuda yo daba alegría.
14 Me vestía de justicia, y ella me cubría;
Como manto y diadema era mi rectitud.
15 Yo era ojos al ciego,
Y pies al cojo.
16 A los menesterosos era padre,
Y de la causa que no entendía, me informaba con diligencia;
17 Y quebrantaba los colmillos del inicuo,
Y de sus dientes hacía soltar la presa.
18 Decía yo: En mi nido moriré,
Y como arena multiplicaré mis días.
19 Mi raíz estaba abierta junto a las aguas,
Y en mis ramas permanecía el rocío.
20 Mi honra se renovaba en mí,
Y mi arco se fortalecía en mi mano.
21 Me oían, y esperaban,
Y callaban a mi consejo.
22 Tras mi palabra no replicaban,
Y mi razón destilaba sobre ellos.
23 Me esperaban como a la lluvia,
Y abrían su boca como a la lluvia tardía.
24 Si me reía con ellos, no lo creían;
Y no abatían la luz de mi rostro.
25 Calificaba yo el camino de ellos, y me sentaba entre ellos como el jefe;
Y moraba como rey en el ejército,
Como el que consuela a los que lloran.

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